El modelo actual de aula expositiva no es suficiente para que los alumnos aprendan. Es lo que señalan, nada más y nada menos, los estudios más complejos realizados por la neurociencia. Pudo constatarse que un estudiante en aula presenta una bajísima actividad cerebral, equivalente a la producida al mirar televisión en casa.

Existen diversas ramas de la ciencia que buscan maneras de potenciar el aprendizaje, el que es, de manera general, mucho más bajo de lo esperado. Uno de ellos tiene como objetivo ajustar lo que se enseña en las escuelas al lugar donde todo eso será procesado, es decir, el cerebro.

El brasileño Alexandre Rezende, profesor de morfofisiología del sistema nervioso de la Pontificia Universidad Católica de Campinas (PUC-Campinas, Brasil) y del Instituto Brasileño de Formación de Educadores de Campinas (IBFE), es uno los entusiastas de la aplicación del conocimiento producido por la neurología a las técnicas pedagógicas.

«Yo estudio el área de la biología sobre las células y tejidos que explican el funcionamiento del sistema nervioso. Y puedo juntar eso a la otra cosa que más me gusta: dar clases». cuenta.

¿Qué es lo que estudia la neuroeducación?

Alexandre Rezende: Es importante mostrar el área de la neuroeducación dentro del contexto de la relación ciencia y aula. Estos estudios surgieron en la década de 1980, en los Estados Unidos, a partir del trabajo de Howard Gardner, con su teoría de las inteligencias múltiples, y de Daniel Goleman, con la teoría de la inteligencia.

La neuroeducación es una gran disciplina compuesta por tres áreas menores: la neurociencia propiamente tal, la pedagogía y la psicología. Su objetivo es mirar con más cuidado el cerebro del alumno y dar consejos sobre cómo estudiar y estimular la creación de memorias. También consiste en incentivar al profesor a seguir ese camino.

¿Por qué la actividad cerebral es baja durante las clases tradicionales?

AR: Lo digo basándome en un trabajo del Institute of Electrical and Electronic Engineers (IEEE) publicado en 2010, en el que los investigadores pusieron sensores en los alumnos y monitorearon su actividad neurológica. Observaron cómo estaba la concentración de los jóvenes estudiando, mirando televisión, durmiendo o trabajando…

Registraron eso durante 7 días, las 24 horas. De esta forma, constataron una alta concentración en el trabajo, en actividades, estudiando para pruebas y en las propias pruebas. La atención empleada al ver televisión es bastante baja, y es el mismo nivel presentado durante las clases.

Por eso es importante tener estrategias para mantener la atención del alumno durante la clase. La estructura tradicional que tenemos es culpable de eso. El esquema del alumno sentado y el profesor hablando debe ser revisado. La clase es un elemento muy importante para el entendimiento del estudiante.

¿Cómo funciona el proceso de aprendizaje?

AR: El aprendizaje se da en tres etapas importantes: entender, aprender y fijar, en ese orden. Primero entender, para después aprender y luego fijar. El alumno entiende en el aula y aprende estudiando, en trabajos. La fijación ocurre necesariamente cuando dormimos.

El período de sueño es extremadamente importante para la consolidación de la memoria, tiene que ser siempre pensado. Si el estudiante duerme poco es una lástima, puesto que el cerebro trabaja menos para fijar. El sueño reparador organiza el desorden del día y consolida lo que es importante en el cerebro.

¿Qué ocurre en el cerebro?

Cualquier evento emocional genera tres caminos de aprendizaje: el conductual, el autónomo y el hormonal. El conductual es aquel impulso que activa los músculos y todo el cuerpo para el evento. El autónomo está controlado por el sistema nervioso autónomo, que libera la acción de neurotransmisores y controla tanto el cuerpo como nuestra voluntad.

Por su parte, el hormonal consiste en la regulación de hormonas, como la adrenalina, que hace el corazón latir más rápido, y el cortisol, que permite aguantar el estrés e inhibe el sistema inmunológico. Mira este ejemplo: un alumno se queda en blanco en una prueba. El cortisol se libera para aguantar el estrés, pero actúa dentro del cerebro y dificulta la formación de nuevas memorias, y a veces eso lo afecta.

Estas tres vías alimentan el cerebro. En realidad, lo retroalimentan, retrotraen emociones que ya pasaron. Cuando esta retroalimentación es negativa, el resultado es pésimo. Pero nosotros, los profesores, tenemos que buscar una retroalimentación positiva.

¿Cómo ayuda la emoción en el aprendizaje?

Hay varios tipos de emoción. Es una herramienta de aprendizaje, cualquier tipo de emoción deja una huella y promueve el aprendizaje inmediatamente. Emocionar positiva o negativamente al alumno deja una impresión en su cerebro y lo hace aprender.

El objetivo debe ser hacerlo sentir también placer, para que genere activaciones en el cerebro. Si se divierte, lo graba. Si el impacto fuera negativo, también se marca, pero no es esa la idea.

¿Puede la tecnología ayudar en esta nueva educación?

La tecnología es inevitable, no puede ser dejada fuera del aula porque el alumno es tecnológico, vive en torno a ella las 24 horas del día. El estudiante la necesita, y el profesor debe estar atento a nuevas estrategias, al uso de animaciones, videos, Internet…

Si el alumno tiene curiosidad por algo, si pregunta “¿cómo es tal animal?”, necesito verlo en ese momento, proveer la información inmediatamente. El profesor es un instrumento de la organización de informaciones para el alumno. La tecnología es parte de la realidad y deberá fundirse con la clase tradicional.

¿Es verdad que la iluminación es un factor importante para la calidad del aprendizaje?

La melatonina es una hormona liberada por la glándula pineal y que es sensible a la luz. No es producida cuando está claro. Pero, por la noche, se produce y provoca sueño. Cuando el alumno está en la sala por la mañana con la luz apagada, esta hormona se mantiene en un nivel alto.