La política en Venezuela ha tomado caminos tan fuera de la realidad que si describiéramos todos los detalles pensaríamos

que hablamos de situaciones bizarras propias de un mundo alterno. Muchas veces los expertos, o los que se dedican al oficio, hacen caso omiso tanto de la teoría como de lo que su propia experiencia les determina, para dedicarse a agradar a los que con razón, pero sin el menor conocimiento, intentan imponer su opinión por encima de la racionalidad. Esta actitud los convierte en opinadores de tribuna o manejadores de la política de bolsillo.

Nadie escapa de la mala situación que vive el país. No importan las barreras sociales que intentó implantar el régimen para separarnos. No importa la raza, ya seamosblancos o afrodescendientes. No importa ser clase media o clase baja. Todos en el país padecemos la crisis que generó el mal gobierno que nos ha tocado vivir estos últimos años. Esta crisis ha llevado al ciudadano a enfrentar la situación de manera desesperada. Nos ha convertido en depredadores de todo aquello que esté fuera de nuestra voluntad, haciéndonos expertos en conocer de todo sin saber de mucho y tratando de tomar las riendas políticas nosotros mismos, por mano propia, aunque ignoremos las más rudimentarias destrezas..

El 2018 se inició como un año de muchas decisiones. Para algunos significó partir hacia otras latitudes, cambiar de país, y hasta de continente, por no ver una salida cercana al conflicto que vivimos. Para aquellos sin recursos e invadidos de desesperanza significó resignarse a que su vida no cambiará y que seguirán sobreviviendo hasta que por fuerzas mayores y externas a ellos, la situación país cambie. Cualquier decisión refleja, además, una desconexión patente con la clase política, gubernamental y opositora, lo cual agrava en demasía el conflicto. No se ve, no hay nadie que conduzca este barco que se está hundiendo. Este fracaso da espacio a la antipolítica, crea una nueva generación de opinadores que, en muchos casos, hablan con medias verdades y son incapaces de generar soluciones para una salida del conflicto.

Esta nueva generación crea falsas expectativas al no conocer de primera mano cómo están sucediendo las cosas. Sus opiniones y expresiones se basan en transferencia de información y, por medio de su lógica, intentan opinar sobre una situación que no conocen. Esto le lleva a un fanatismo que raya en la insensatez, y que cerca de buscar estrategias o el entendimiento entre las partes, cada día las aleja más. Muchos de ellos se han dedicado a opinar desde la tranquilidad de su casa, o fuera del país, pues saben que no tienen ningún riesgo de represalia alguna estando fuera o que el régimen no les dará alcance, dentro, por su anónima vida en el mundo real.

La solución a los problemas que enfrentamos a diario nunca se escapa de nuestras manos, pero para llegar a ella debemos dar un paso adelante y retomar la confianza hacia la clase política. Debemos entender que esto es un acto de reciprocidad. La clase política debe también generar confianza en el ciudadano, hablar con la verdad e incluir a todos aquellos que sean capaces de aportar su hacer y parecer para una pronta salida. Tenemos que permitir que nuestra racionalidad y nuestros deseos políticos no nos cieguen, y acceder a que aquellos que realmente estén capacitados y tengan la fortaleza para realizar una acción política verdadera, la ejecuten. Entendamos que solo reconstruyendo la política conseguiremos el camino para una mejor Venezuela.