Gloria Cuenca.- Unos de nuestros peores defectos, contradictorios lectores, es creerlo todo. Cotidianamente se dice: “que de tanto creer, se volvió creyón”. Así ocurre con los venezolanos. A veces resultamos de una ingenuidad que llamaría “perversa”. Las consecuencias de la misma resultan terroríficas para todos y nos llevaron a este caos. Alertas sobre este desastre, hicimos muchos de nosotros. Algunos por su olfato político y otros – yo entre ellos- por las tristes experiencias vividas en el comunismo. Creyente, militante y visitante de la hoy poderosa República Popular de China, cubierta de mentiras, alertamos sobre hambrunas, asesinatos, con propaganda maléfica que alienó, de la peor manera, a quienes creímos ciegamente en eso, y a los martirizados chinos. Fue duro y sanador. La ingenuidad hace que los habitantes de esta “Tierra de Gracia” se dejaran  encantar por quien no tenía sino una obsesión: poder. La última maldad: dejó a un ignorante como gestor de la presidencia. Sometido al poder de una pobre isla devastada por más de 55 años por seres enloquecidos por el poder -también ellos-buscando ocultar su maldad y avasallamiento. Historias personales, dramáticas y dolorosas, de las que no tenemos responsabilidad ni culpa alguna los habitantes de  2 martirizados países: Cuba y Venezuela. Y ustedes se preguntarán ¿Qué es lo inevitable? Las elecciones. Creer que se le puede sacar de la cabeza a esta gente no aprovechar las divisiones de la oposición para hacer las elecciones, es tan cuesta arriba como pensar que el presidente va a renunciar. Recuerdo aquella famosa consigna: “Votos sí, balas no”. Entiendo la desesperación de mis compatriotas que sueñan con verlos fuera del gobierno, rápidamente, y encarar la reconstrucción del país.  Como les conté en otra oportunidad, hay un refrán que dice, “Las cosas son como son… y el hombre macho se impone.” Machista, el refrán, pero verdadero. Las cosas son como son.  Lo que hay son elecciones. Quienes no tenemos edad, ni ganas de empatarnos en una de “balas”, no queda sino el voto. Único instrumento válido, constitucional y democrático. Aun con la trampa. No olvidar la historia de Venezuela reciente. El 30 de noviembre de 1952, (tenía 12 años, y lo recuerdo) el “partido del pueblo”, como se conocía a Acción Democrática, ordenó que la gente se abstuviera. Jóvito Villalba, con todo en contra, se lanzó y ganó. Lo demás se sabe. Amanecerá y veremos.

Gloria Cuenca

@EditorialGloria